El 11 de septiembre de 2001, Betty Ong se encontraba a bordo del vuelo 11 de American Airlines, que había despegado desde Boston con destino a Los Ángeles.

Betty tenía 45 años y llevaba alrededor de 14 años trabajando para la aerolínea. Ni siquiera estaba prevista para ese vuelo, pero aceptó cubrir el viaje porque después planeaba disfrutar de unas vacaciones junto a su hermana.
Aproximadamente 14 minutos después del despegue, Betty utilizó un teléfono ubicado en la parte trasera del avión para comunicarse con el departamento de reservas de American Airlines.
Lo que comenzó como una llamada inesperada terminó alertando a los responsables de la compañía sobre una situación extraordinaria: la tripulación había perdido el control del avión y varios pasajeros estaban en peligro.
La llamada fue transferida a una supervisora y posteriormente conectada con el centro de operaciones de American Airlines en Texas.
Durante los minutos siguientes, Betty proporcionó información crucial. Indicó algunos números de asiento relacionados con los responsables del secuestro, explicó que habían conseguido entrar a la cabina de mando y describió lo que estaba ocurriendo dentro del avión.
Mientras hablaba, la información era transmitida a las autoridades.
Lo que más llamó la atención posteriormente fue su actitud. Betty permaneció serena y concentrada, intentando responder preguntas y aportar todos los datos que podía, incluso mientras la situación dentro del avión se volvía cada vez más complicada.
La llamada comenzó a las 8:19 de la mañana.
A las 8:46, mientras continuaba la comunicación, Betty pronunció unas palabras que quedarían grabadas para siempre en la historia:
“Recen por nosotros.”
Después de esas palabras, la comunicación se interrumpió.
Minutos más tarde se confirmó que el vuelo 11 había impactado contra la Torre Norte del World Trade Center.
Años después, durante las investigaciones oficiales sobre los atentados, la grabación de aquella llamada fue presentada públicamente.
Su familia recuerda especialmente un detalle: Betty no dijo simplemente que rezaran por ella.
Pidió que rezaran por “nosotros”.
Y esa diferencia resume la serenidad y preocupación que mostró durante sus últimos minutos: incluso en medio de una situación extrema, estaba pensando también en las demás personas que viajaban con ella.