
Seúl (EFE).- El régimen norcoreano ejecutó o condenó a muerte al menos a 153 personas entre 2020 y 2024, triplicando los datos de los cinco años previos, coincidiendo con la pandemia de Covid-19 y la imposición de castigos más severos por consumir cultura surcoreana, denunció este martes el Transitional Justice Working Group (TJWG).
La oenegé surcoreana señaló en un informe que en los cinco años posteriores al cierre fronterizo por la pandemia en 2020, al menos 153 personas fueron ejecutadas o condenadas a muerte en Corea del Norte, frente a 44 en los cinco años previos.
Según el reporte ‘Mapeando las ejecuciones en Corea del Norte antes y después de la pandemia de Covid-19′, las ejecuciones disminuyeron entre 2015 y 2019 coincidiendo con la mayor presión internacional, pero repuntaron en 2020 tras el cierre fronterizo.
La mayoría, ejecuciones públicas
El informe analizó 144 casos de ejecuciones y sentencias de muerte en 13 años del Gobierno de Kim Jong-un (2011-2024), con al menos 358 personas ejecutadas. La mayoría fueron ejecuciones públicas (72,8 %) y el método predominante fue el fusilamiento (96,4 %).
También identificó 46 lugares de ejecución, incluidos varios en Pionyang próximos a la sede central del Partido de los Trabajadores, referida como «la oficina de Kim Jong-un».
Penas capitales se utilizan como herramienta de control
El TJWG sostuvo que las penas capitales se utilizan como herramienta de control político, social e ideológico, destacando el aumento de las ejecuciones vinculadas al consumo o difusión de cultura surcoreana, prácticas religiosas y supersticiosas y los condenados por delitos políticos.
El estudio de la oenegé defensora de derechos humanos se elaboró con información procedente de testimonios de 265 desertores norcoreanos que vivieron en distintas zonas del país durante el mandato de Kim Jong-un, así como de cinco medios especializados con fuentes dentro de Corea del Norte.
Coincidencia con otras organizaciones
Los hallazgos de TJWG coinciden con testimonios recientes de desertores y denuncias previas de la ONU y otras oenegés que señalan la pandemia de covid-19 como un punto de inflexión en la represión interna de Corea del Norte, al coincidir con un deterioro drástico de las condiciones de vida y la adopción de medidas legales para reforzar el control ideológico.
La ONU, por su parte, aprobó a finales del mes pasado una nueva resolución condenatoria de las violaciones de derechos humamos por parte del régimen norcoreano, la cual fue copatrocinada por Corea del Sur.